Decisión de diseño: El vacío activo
La integridad de Residencial El Nogal no reside solo en su fachada, sino en cómo el vacío intermedia entre la calle y el jardín interior. Las puertas pivotantes de 2.10 m no son un adorno; son el mecanismo que borra la frontera entre estar y habitar. La piedra ceniza, traída de canteras cercanas a Cundinamarca, ofrece una resistencia a la compresión de 600 kg/cm² y un mantenimiento mínimo, ideal para el clima seco de la altiplanicie bogotana. La madera de cumarú, seleccionada por su durabilidad natural, elimina la necesidad de tratamientos químicos agresivos.
El concreto pulido en estancias interiores no es un capricho estético; es una decisión de termo-regulación. Su inercia térmica suaviza las oscilaciones de temperatura diurna, reduciendo la carga en sistemas de climatización. La altura libre de 2.60 m y los ventanales de 1.80 m permiten que la luz meridiana de Bogotá penetre en ángulos oblicuos, creando sombras alargadas que texturizan los muros cada tarde.